En su aparente neutralidad, el polígono industrial constituye un paisaje arquitectónico funcional que prescinde de ornamentos. Las dinámicas económicas que han modelado las periferias de nuestras ciudades se reflejan en este espacio impersonal.
Aquí, las formas no buscan dialogar con el entorno; responden, en cambio, a un propósito inmediato: almacenar y producir. La repetición de estructuras, la ausencia de espacios pensados para la estancia o para el tránsito pausado y la materialidad de hormigón invitan a observar y reflexionar.
¿Qué significan estos espacios para quienes interactúan con ellos?






